Marc Márquez y la tolerancia al dolor: ¿es realmente un factor de fortaleza mental?
Pocas trayectorias recientes en MotoGP permiten hablar tanto sobre tolerancia al dolor en deportistas como la de Marc Márquez. Lesiones, operaciones, rehabilitaciones y regresos a la competición han formado parte de una carrera en la que el piloto español ha tenido que convivir muchas veces con sensaciones físicas muy alejadas de las ideales. Pero hay una distinción importante: tolerar el dolor no significa ignorarlo. Tampoco significa competir lesionado a cualquier precio. Desde la psicología deportiva, la verdadera fortaleza mental aparece cuando un deportista es capaz de interpretar las señales de su cuerpo, gestionar la incomodidad y continuar ejecutando cuando hacerlo es seguro, sin convertir el sufrimiento en una demostración de valentía. Y aquí la ciencia nos aporta información interesante. Puntos clave ¿Qué sabemos sobre la tolerancia al dolor en deportistas? Cuando hablamos de dolor, debemos separar varios conceptos. El umbral del dolor es el punto en el que un estímulo empieza a percibirse como doloroso. La tolerancia al dolor hace referencia a cuánto dolor puede soportar una persona antes de decidir detener el estímulo. Esta diferencia es fundamental. Un piloto puede detectar perfectamente una molestia y, aun así, tener una gran capacidad para seguir funcionando mientras esa sensación permanece dentro de unos límites adecuados. Una revisión sistemática publicada en The Journal of Pain, que reunió 36 estudios y 2.492 participantes, encontró que los deportistas tenían una tolerancia al dolor significativamente superior a los no deportistas. También tendían a valorar el dolor como menos intenso. Una revisión anterior había llegado a una conclusión similar: la diferencia entre deportistas y población normalmente activa era especialmente consistente en tolerancia, mientras que la evidencia sobre el umbral del dolor era menos uniforme. Esto nos lleva a una idea especialmente relevante para el alto rendimiento: el deportista no necesariamente siente menos. Puede haber aprendido a convivir mejor con lo que siente. Marc Márquez y la tolerancia al dolor como fortaleza mental En un piloto de MotoGP, el dolor tiene características particulares. No hablamos únicamente de soportar una sensación desagradable mientras permaneces sentado. El deportista debe continuar frenando, inclinando, soportando aceleraciones, realizando movimientos explosivos y tomando decisiones a velocidades superiores a los 300 km/h. Por eso, desde mi perspectiva trabajando con pilotos, la pregunta importante no es: “¿Cuánto dolor puedes aguantar?” Es otra: “¿Qué capacidad tienes para seguir tomando buenas decisiones cuando aparece el dolor?” Ahí encontramos una de las conexiones entre tolerancia al dolor y fortaleza mental. La fortaleza no está en sufrir más que nadie. Está en que la incomodidad no secuestre por completo tu atención. Cuando el dolor roba recursos mentales Imaginemos una vuelta. Llegas a una frenada fuerte y notas dolor. Tu atención se desplaza inmediatamente hacia esa zona. En la siguiente curva vuelves a anticiparlo. Después empiezas a pensar: “¿Me va a doler más?” “¿Podré aguantar toda la carrera?” “¿Y si vuelve a fallar?” De repente, el piloto ya no está trabajando únicamente con el freno, el gas y la trayectoria. Tiene un proceso mental adicional funcionando en segundo plano. Es como llevar una aplicación abierta consumiendo recursos del sistema. Por eso uno de los objetivos del entrenamiento psicológico consiste en aprender a reorientar voluntariamente la atención hacia las señales relevantes para el rendimiento. El miedo al dolor puede cambiar cómo experimentamos el dolor Uno de los aspectos más interesantes de la evidencia científica es la importancia del componente psicológico. En un estudio con atletas de élite y alto nivel, los deportistas mostraron una mayor tolerancia y, en determinadas pruebas, menor intensidad percibida del dolor. Sin embargo, uno de los factores psicológicos que se relacionó de forma consistente con las medidas analizadas fue el miedo al dolor. Esto importa muchísimo después de una lesión. No es igual notar una pequeña molestia sin antecedentes que sentir exactamente la misma molestia después de haber sufrido una lesión grave en esa zona. El estímulo puede ser parecido. La interpretación mental cambia completamente. Después de una lesión, el cerebro puede empezar a utilizar una especie de radar: “¿Esto es normal?” “¿Está volviendo la lesión?” “¿Debería preocuparme?” Esta hipervigilancia puede aumentar la atención dirigida hacia la zona afectada y alterar la percepción de seguridad del deportista. Por eso, recuperar físicamente una articulación no significa necesariamente haber recuperado completamente la confianza en ella. Caso práctico: volver a confiar después de una lesión Imaginemos a un piloto que regresa después de una lesión en el brazo. Los médicos consideran que puede competir. En el simulador y durante los entrenamientos físicos ha recuperado fuerza. Sin embargo, en las primeras vueltas aparece una molestia cuando realiza una frenada exigente. A partir de ahí tiene dos posibles interpretaciones. La primera: “Me duele. Esto significa que todavía no estoy preparado.” La segunda: “Tengo una sensación incómoda. Voy a observar si modifica mi fuerza, movilidad o capacidad de pilotaje.” La sensación física puede ser exactamente la misma. Pero la respuesta psicológica es completamente diferente. El trabajo mental consiste en evitar interpretaciones automáticas y volver a los datos. ¿Ha aumentado el dolor? ¿Existe pérdida de fuerza? ¿La técnica está cambiando? ¿Qué dicen las referencias médicas? Es una especie de telemetría del dolor. No negamos la alarma. Analizamos qué está diciendo realmente. El gran peligro: convertir el sufrimiento en identidad Existe otra cuestión importante cuando hablamos de pilotos considerados especialmente duros. El deportista puede empezar a construir parte de su identidad alrededor de la capacidad de soportar dolor. “Yo siempre corro.” “Yo aguanto.” “Yo no abandono.” Mentalmente puede parecer poderoso. Pero también puede convertirse en una trampa. Si retirarte significa sentirte débil, tomar una decisión médica prudente se vuelve mucho más difícil. Por eso nunca debemos confundir resiliencia con temeridad. En psicología deportiva, ser fuerte también puede significar aceptar que hoy no debes competir. Puede significar entrar en boxes. Puede significar parar una rehabilitación. O reconocer que el cuerpo necesita más tiempo. La fortaleza psicológica no siempre consiste en apretar los dientes. A veces consiste en tener suficiente seguridad personal para levantar la mano. ¿Se puede entrenar la tolerancia al dolor? La evidencia indica
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